Miranda de Ebro no sería la ciudad que es sin su historia industrial. La llegada del ferrocarril en 1862 convirtió a la localidad en un nudo ferroviario de primer orden en el norte de España, y a lo largo del siglo XX ese impulso se tradujo en fábricas, talleres y naves que marcaron la economía, el paisaje urbano y la identidad de varias generaciones de mirandeses. Hoy, buena parte de ese legado sigue en pie, aunque no siempre en las mejores condiciones. Desde Construcciones Ojembarrena creemos que ha llegado el momento de mirar este patrimonio con otros ojos: no como ruinas del pasado, sino como oportunidades de futuro.

Una ciudad forjada por el ferrocarril y la industria

Cuando en 1862 se inauguró el tramo ferroviario entre Miranda y Olazagutía, la ciudad empezó a transformarse a un ritmo que pocas localidades de la región conocieron. La estación de Miranda de Ebro, proyectada por el ingeniero inglés Charles Vignoles, se convirtió en una de las más importantes del país al confluir en ella las líneas Madrid-Irún y Castejón-Bilbao. Su edificio de viajeros, de estilo victoriano, con marquesinas de hierro fundido en los talleres londinenses Frederick Braby, es hoy una pieza casi única en España y continúa siendo el símbolo más reconocible de aquella época dorada del ferrocarril mirandés.

Alrededor de la estación crecieron talleres de reparación, depósitos de locomotoras y naves de mantenimiento, muchos de ellos con una arquitectura industrial de ladrillo caravista y grandes bóvedas de hormigón que hoy se consideran ejemplos destacados de ingeniería del siglo XX y que no se han mantenido adecuadamente. A ese primer motor ferroviario se sumó después una potente industria textil y química que llegó a dar empleo a cientos de familias mirandesas, con instalaciones como las de FEFASA (Fabricación Española de Fibras Artificiales), uno de los conjuntos industriales más representativos de la ciudad.

El valor oculto de las fábricas y naves abandonadas

El patrimonio industrial no siempre recibe el reconocimiento que merece. A diferencia de una iglesia o un palacio, una fábrica o una chimenea rara vez se perciben como «patrimonio» a simple vista, pero constituyen un testimonio igual de valioso de la historia, la técnica y la forma de vida de una época. El Comité Internacional para la Conservación del Patrimonio Industrial lo define como el conjunto de restos de la cultura industrial con valor histórico, tecnológico, social, arquitectónico o científico, y ese valor es precisamente el que está en juego en varios edificios mirandeses.

Un caso paradigmático es el conjunto de FEFASA, con sus edificios de filtros, el almacén de paja y su icónica chimenea, obra del reconocido ingeniero Eduardo Torroja Miret, Premio Nacional de Arquitectura y una de las figuras más influyentes del cálculo de estructuras laminares de hormigón armado en España. La Fundación Docomomo Ibérico, especializada en la conservación de la arquitectura del movimiento moderno, ya señaló en 2016 la necesidad de proteger este conjunto, y en los últimos años el propio Ayuntamiento ha impulsado su reconocimiento como bien protegido. Junto a FEFASA, la ciudad cuenta con otros edificios singulares aún pendientes de catalogación, como el Complejo Parroquial del Buen Pastor, el Colegio de los Holandeses o las viviendas de la Cooperativa Ferroviaria «Virgen de Altamira», todos ellos ejemplos del patrimonio del movimiento moderno que Miranda todavía conserva.

Recuperar para producir: la vía más lógica para estos edificios

Proteger un edificio industrial no significa condenarlo a quedar vacío o convertido en una pieza de museo. Naves como las de FEFASA, con sus grandes luces, alturas generosas y estructuras diáfanas, están pensadas precisamente para acoger actividad: son edificios nacidos para producir, y ese es también su futuro más natural. En toda España se está extendiendo el concepto de los llamados brownfields: naves y fábricas en desuso que se rehabilitan para nuevos usos industriales o logísticos, aprovechando su ubicación céntrica, su conexión con infraestructuras existentes y una estructura que, con la reforma adecuada, sigue siendo perfectamente funcional.

En el caso de Miranda de Ebro, con su tradición ferroviaria y logística, este tipo de recuperación tiene todo el sentido. Un antiguo almacén o una nave de filtros pueden transformarse en centros de producción. Reformar estas naves implica modernizar instalaciones eléctricas, climatización, accesos y sistemas de seguridad para adaptarlas a la normativa actual, sin renunciar al carácter del edificio original. Es una manera de que estas construcciones vuelvan a generar empleo y actividad económica en la ciudad, que es, al final, la función para la que nacieron.

Ojembarrena, referente local en rehabilitación patrimonial

Que este tipo de proyectos sea viable depende, en buena medida, de contar con equipos capaces de conjugar el respeto al patrimonio con la exigencia técnica que requiere cualquier obra actual. En Miranda de Ebro, Construcciones Ojembarrena se ha convertido en un referente en este terreno, con varias intervenciones que demuestran esa capacidad.

El ejemplo más reciente y de mayor envergadura es la rehabilitación de la Casa de las Cadenas, la casa palacio de los Condes de Berberana, construida entre 1580 y 1600 en la Plaza España y que llegó a hospedar a Napoleón Bonaparte y a Fernando VII. La Fundación Caja de Burgos adjudicó a Ojembarrena las obras de este emblemático inmueble, con una inversión que ronda los 4 millones de euros, para convertirlo en la nueva sede de la fundación y en un foco de atracción de proyectos económicos, culturales y sociales para la ciudad. El resultado, ejecutado junto al estudio de arquitectura Escribano Arrieta, ha permitido que este edificio del siglo XVI recupere su tejado y su estructura original mientras se prepara para albergar un auditorio y espacios de emprendimiento, cultura y encuentro social.

La Casa de las Cadenas, vista desde el lado contrario del río Ebro. ÓSCAR CORCUERA

Antes de ese proyecto, en 2018, Ojembarrena ya había demostrado su experiencia en patrimonio histórico con la restauración del Rollo de la Picota, el Rollo de Justicia que Juan de Azcoitia levantó en piedra en 1523 y que hoy figura en el Catálogo de Bienes de Interés Cultural de Castilla y León. La intervención, impulsada por la Fundación Galletas Coral, combinó obra civil y rehabilitación patrimonial: una plataforma de hormigón, losas de piedra arenisca, mobiliario urbano y un antepecho de cristal de seguridad que convirtieron el entorno del monumento en un mirador moderno sobre la ciudad, sin restar un ápice de valor histórico al conjunto y respetando escrupulosamente las exigencias de Patrimonio en el retoque del propio Rollo.

A estos dos proyectos se suma la rehabilitación integral en marcha en Concepción Arenal 1, un edificio racionalista de 1960 que forma parte del patrimonio arquitectónico de la calle La Estación. Las obras, ya iniciadas, transformarán el inmueble en 5 pisos, 15 apartamentos y 3 estudios, manteniendo su fachada prácticamente intacta y conservando la distribución interior original, sin vaciados ni demoliciones estructurales. Es uno de los pocos ejemplos que quedan en pie de este estilo racionalista en Miranda, y su recuperación confirma la misma filosofía que ha guiado a Ojembarrena en la Casa de las Cadenas y en La Picota: intervenir con respeto, sin renunciar a la identidad del edificio.

Apoyos para hacerlo posible

Este tipo de recuperación no depende solo de la voluntad de propietarios y empresas: también existen vías de apoyo público que facilitan el proceso. El Ayuntamiento de Miranda de Ebro mantiene convocatorias de ayudas para la rehabilitación de edificios del Centro Histórico, destinadas a inmuebles de más de 50 años de antigüedad. Además, la propia normativa estatal sobre reconversión y reindustrialización contempla beneficios y subvenciones para empresas que recuperan instalaciones existentes y las adaptan a nuevas actividades productivas. Combinar estas ayudas con la iniciativa privada es clave para que la recuperación del patrimonio industrial de Miranda deje de ser una aspiración y se convierta en una realidad planificada.

Construir el futuro sin borrar la memoria

En Construcciones Ojembarrena entendemos la rehabilitación como una forma de respeto: hacia quienes construyeron estos edificios, hacia quienes trabajaron en ellos y hacia una ciudad que sigue creciendo sin renunciar a su identidad. El patrimonio industrial de Miranda de Ebro, desde la estación victoriana hasta las antiguas fábricas textiles y químicas, es una parte esencial de nuestra historia colectiva. Devolverles una función productiva no solo evita que se pierdan para siempre, sino que permite que sigan generando actividad y empleo en la ciudad, tal y como lo hicieron durante décadas.

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