En lo alto de Miranda de Ebro, sobre el cerro de La Picota, se alza uno de los símbolos más antiguos de la ciudad: el Rollo de Justicia. Su presencia nos habla de un tiempo en el que la villa ejercía su propia jurisdicción y administraba justicia desde este enclave privilegiado, que durante siglos fue también punto estratégico, lugar de defensa y origen de la Miranda histórica.

La Picota ha sido siempre mucho más que un cerro. Aquí estuvo el antiguo castillo de la ciudad y, con el paso del tiempo, este espacio se convirtió en uno de los lugares más representativos del casco histórico mirandés. Su historia comienza en la Edad Media y se prolonga hasta hoy, conservando todavía esa capacidad de conectar el pasado con el presente.

Un símbolo con siglos de historia

El Rollo de Justicia es el testimonio de una época en la que las villas con jurisdicción propia levantaban este tipo de columnas de piedra como símbolo de autoridad. El de Miranda, tallado en piedra y situado en La Picota, forma parte inseparable de la memoria local y del paisaje urbano de la ciudad.

Con el paso de los años, el entorno fue perdiendo protagonismo, pero nunca dejó de ser un lugar especial para los mirandeses. Por eso, cada actuación sobre este espacio ha buscado no solo conservar el monumento, sino también recuperar su valor como punto de encuentro, mirador y lugar de paseo.

La reforma de 2018

En 2018, gracias al impulso de la Fundación Galletas Coral , se llevó a cabo una importante actuación en La Picota que permitió renovar el espacio y poner en valor a todo el conjunto. La intervención, ejecutada por Construcciones Ojembarrena , supuso una mejora del entorno y la creación de un mirador más accesible, cómodo y agradable para vecinos y visitantes.

En resumen los trabajos incluyen la ejecución de una plataforma de hormigón, la colocación de losas de piedra arenisca, la instalación de bancos de hormigón forrados de madera y un antepecho de cristal de seguridad que protege sin restaurar las vistas al paisaje. También se realizó el retoque del Rollo de Justicia, tal y como exigía Patrimonio, y se incorporó un panel de lava esmaltada con el perfil de los montes cercanos, sus nombres, cotas y la ubicación de los pueblos del entorno.

 

Los trabajos realizados fueron los siguientes:

Plataforma de hormigón: Se ejecutó una estructura base que sirve de soporte para el resto de los elementos del mirador.

Losas de piedra arenisca: Sobre la plataforma se colocaron lasas alargadas de piedra arenisca, un material que dialoga con la piedra histórica del propio rollo.

Mobiliario urbano: Se instalaron bancos de hormigón forrados de madera en la zona de descanso, integrando funcionalidad y estética en el conjunto.

Antepecho de cristal de seguridad: En el borde de la plataforma se montó un antepecho con cristal de seguridad que protege a los visitantes y garantiza unas vistas excepcionales sobre la ciudad y el entorno.

Retoque del Rollo de Justicia: Como intervención requerida expresamente por Patrimonio , se acometió el retoque del Rollo situado en el centro de la plataforma, preservando su integridad histórica con el máximo respeto hacia el bien catalogado.

Panel de lava esmaltada: Para enriquecer la experiencia del visitante, se instaló un panel de lava esmaltada que representa el perfil de los montes circundantes, con nombres, cotas y ubicaciones de los distintos pueblos del entorno.

La actuación, que combinó obra civil con una cuidada rehabilitación del entorno patrimonial, ha transformado el espacio en un moderno mirador sin que ello reste un ápice al valor histórico del conjunto. El resultado es un espacio que aúna el pasado y el presente de Miranda de Ebro en un mismo punto. El visitante puede hoy descansar sobre un mirador cuidado y moderno mientras contempla el mismo horizonte que observaron los mirandeses del siglo XVI, con el Rollo de Justicia como testigo mudo de quinientos años de historia.

Un parque natural en el corazón de la ciudad

A esta transformación se sumó otro elemento clave: la repoblación forestal realizada hace ahora diez años, que ha permitido consolidar un espacio natural muy agradable, con vegetación, sombra y un ambiente perfecto para el paseo. Gracias a esa apuesta por el arbolado y al cuidado posterior del entorno, La Picota es hoy también un pequeño parque natural en plena ciudad, un rincón donde patrimonio y naturaleza conviven de forma armoniosa.

El resultado es un lugar que invita a detenerse, mirar y comprender a Miranda desde las alturas. Desde allí se disfruta de una panorámica magnífica del casco urbano y del valle, con el Rollo de Justicia como guardián silencioso de la historia.

Patrimonio y futuro

La actuación de Construcciones Ojembarrena no solo mejoró el espacio, sino que ayudó a recuperar un enclave emblemático para la ciudad. La intervención demuestra que conservar el patrimonio no consiste únicamente en reparar una pieza histórica, sino en darle contexto, uso y vida para que siga formando parte del día a día de Miranda.

Hoy, La Picota vuelve a ser lo que siempre fue: un lugar con memoria, con vistas y con identidad propia. Un espacio que resume muy bien la esencia de Miranda de Ebro, donde historia, paisaje y patrimonio se encuentran en equilibrio.

Cinco siglos de historia en piedra

El Rollo jurisdiccional conocido popularmente como La Picota . Una construcción que lleva más de cinco siglos en pie y que ha sido testigo mudo del poder, la justicia y la evolución urbana de la villa.

Los orígenes: de horca a Rollo jurisdiccional

La historia de este monumento arranca en los albores del siglo XVI. A comienzos de esa centuria, Miranda contaba con una horca de madera donde se justiciaba a los condenados, ubicada en el Campo de San Martín, en lo alto del cerro, junto a la ermita dedicada a ese santo. Cuando en 1522 la vieja horca se derrumbó, el consistorio mirandés decidió levantar en su lugar un Rollo de piedra que simbolizase los derechos jurisdiccionales que los reyes habían otorgado a la villa desde la Edad Media: el fuero, la celebración de ferias y mercados, y la potestad de juzgar a sus ciudadanos.

No era un encargo menor. En pleno reinado de Carlos I, cuando la corona reforzaba su poder en toda Castilla, el ayuntamiento mirandés quiso dejar clara su propia autoridad con un monumento visible para propios y forasteros.

La construcción: canteros, carreteros y una cruz-veleta

La obra recayó en el cantero Juan de Azcoitia , quien la tenía concluida para noviembre de 1523. Los registros municipales conservados en el Archivo Municipal de Miranda de Ebro detallan con una precisión admirable cada partida del gasto: los carreteros Hernando de Relloso, Juan de Salas y Pedro de Ocio transportando sobre la piedra, un tal Mateo carpintero construyó el andamio, y el cerrajero Lorencio puso la guinda al trabajo colocando una cruz-veleta en el remate, por la que cobró 1 ducado.

El costo total de la obra ascendió a 28 ducados , cantidad que concordaba con la tasación realizada por los canteros Juan Martínez de Ugalde y Juan de Sorays, nombrados como peritos por ambas partes.

De Rollo a Picota

Durante el siglo XVI Miranda contó con dos elementos distintos: el Rollo del Campo de San Martín y una Picota en la Plaza del Mercado, esta última construida por el activo cantero Miguel de Aguirre entre 1567 y 1572 por un precio de 160 ducados. Sin embargo, la Picota de la plaza pronto se convirtió en un estorbo en una villa que crecía con fuerza gracias al auge agrícola y mercantil. En 1584 el consistorio acordó demolerla porque «no sirve de nada» y entorpecía la circulación. En agosto de 1586 el cantero Juan de Aguirre la derribó por 20 reales, reutilizando la piedra en otros proyectos.

Desde entonces, el Rollo del Campo de San Martín adoptó ambas funciones y fue rebautizado definitivamente como La Picota , nombre que con el tiempo se expandió también al cerro que lo acoge.

Reformas y restauraciones a lo largo de los siglos

El monumento necesitaba intervenciones periódicas para mantenerse en pie. En 1745 , el cantero cántabro Juan del Valle reparó y aseguró la picota por 7,5 reales. En 1787 se pagaron 46 reales a cuatro hombres que subieron material para un nuevo arreglo.

El episodio más llamativo llegó en el verano de 1945 , cuando una tormenta provocó daños en el remate del monumento. El cantero Juan Azcorreta presupuestó la reparación en 2.000 pesetas, incluyendo 12 piedras areniscas de unos 3.000 kg para reconstruir las gradas y la cubierta. En febrero de 1946 , el aparejador municipal supervisó la restauración, aunque constató que el remate había quedado modificado respecto al original: el diseño primitivo consistía en dos troncos de cono con distintos pendientes rematados en una esfera achatada , mientras que el resultado final fue un único cono coronado por una esfera. El trabajo fue recibido definitivamente el 6 de abril de 1946.

Un monumento protegido y un mirador con historia

El Rollo jurisdiccional de Miranda de Ebro figura en el Catálogo de Bienes de Interés Cultural de la Junta de Castilla y León , declarado por el Ministerio de Educación Nacional el 14 de marzo de 1963. En los años noventa, la Escuela Taller acometió una nueva restauración y remodeló el entorno protegiéndolo de la humedad. Y el 18 de junio de 2018 , la Fundación Galletas Coral inauguró en ese mismo emplazamiento un mirador desde el que se divisa toda la ciudad, reforma realizada por Construcciones Ojembarrena, integrando el monumento histórico en un espacio de disfrute para los mirandeses.

Hoy, sobre cuatro escalones octogonales, se alza el majestuoso fuste cilíndrico de unos seis metros de altura rematado en bola, vigilando Miranda de Ebro como lo ha hecho desde que Juan de Azcoitia lo levantó hace más de cinco siglos.

Fuente: Barribozo nº 6 Noviembre 2022: Revista digital Miranda de Ebro y su entorno

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